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noviembre 16, 2018

Relato erótico. “¿A cambio de qué?” Capítulo dos.

(Si no has leído el primer capítulo pincha aquí)

—Me importa una mierda que la mitad del Congo -gritaba Leo por teléfono- se quede sin grano para la siguiente cosecha. Apalanca todo el que puedas. Y tú, sal de mi ducha de una puta vez.

Eso se lo decía a una mujer morena despampanante mientras se vestía. A los diez minutos ya estaba en el coche.

El chófer miraba con admiración a través del retrovisor a su jefe.  Ojalá pudiera ser como él. Un hombre de éxito. ¿Como se le podía ver tan amargado? ¡Lo tenía todo! Dinero, mujeres, amigos, éxito profesional…

Un pitido repentino sacó del ensimismamiento a Óscar, el conductor del Mercedes Clase SL de Leo, que dio un volantazo para evitar lo que habría sido un choque frontal sin consecuencias pero muy aparatoso.

Finalmente, salieron del párking privado del edificio de oficinas propiedad de Leo.

—Óscar, ¿qué coño haces? Te pago para que me lleves seguro a los sitios, joder, haz el favor de mirar la carretera.

—Sí señor, disculpe señor. Estaba pensando en usted mientras le miraba por el retrovisor y me he distraído.

Leo sonrió. Le encantaba Óscar. Cuando apareció por la empresa lo vio de casualidad. El departamento de recursos humanos estaba al lado de su despacho y notó como lo acompañaban a la salida.  La cara del hombre expresaba paz y tranquilidad. La de Marga, desconcierto.

—Ya le llamaremos.-dijo Marga.

—Eres una persona horrible, por fuera y por dentro. -le espetó entonces a la mujer.

Leo se quedó, discretamente, oyendo la conversación.

—¿Perdona? -reprochaba Marga levantando una ceja.

—No vas a llamar. Ambos lo sabemos. Eres fea, pero no una fealdad física, que un poco también. Eres fea porque estás amargada, eres muy infeliz y eso, en lugar de ponerte triste, que sería lo normal, te enfada y te da miedo. Porque a veces te miras al espejo y dudas de si no eres más que una triste psicópata encubierta. Una de esas personas que es incapaz de sentir nada por nadie excepto por sí misma. Llevas años y años buscando algo que te apasione, pero no lo encuentras, ni lo harás. Eres eficiente, pero estás vacía.

El sonido del ascensor al llegar cortó el discurso.


—Venga, hasta luego.- dijo al despedirse mientras entraba.

Marga lo miraba igual que si le hubiera estado hablando un unicornio maligno.

Leo nunca había escuchado una descripción tan precisa de Marga. Ni de nadie, en realidad.

Corrió hacia al ascensor y se metió dentro justo cuando las puertas se cerraban. Estaban sólos.

—Menudo repaso les has dado. -comentó Leo mientras giraba la llave en la cerradura que le llevaba a su garaje privado.

65 pisos. Ese es el tiempo que le daría.

—Se lo merecía.-respondió Óscar.  

—¿Quién eres? ¿Y que quieres?

—Soy Óscar Llanera y tengo una lesión cerebral que me impide mentir y estar triste. Lo digo siempre al principio porque es la mejor manera de que no flipe todo el mundo a los 30 segundos de hablar conmigo. Quiero trabajar para usted.

—¿No puedes mentir ni estar triste? ¿En serio?

—Se lo juro.

—¿Alguna vez te han follado el culo?

—Sí.

—¿Un hombre?

—No. Pero me da por culo que me hagas esta pregunta.

—¿Te resulta difícil follar dada… tu… bueno.. tu lesión?

—No, follar es fácil. Encontrar mujeres que aguanten la verdad y quieran follar es lo difícil.

—Así que pagas.

—Sí.

—¿Me conoces de algo?

—Le sigo desde que apareció en el periódico por primera vez.

—¿Qué piensas de mi?

—Que eres un hijo de la gran puta con suerte.

—¿Estarías dispuesto a robarme?

—Si supiera que no me iban a pillar estaría dispuesto a robar a cualquier habitante de la tierra que nadara en la abundancia.

—¿Cómo te hiciste la lesión cerebral?

—En un accidente de coche.

—¿Qué pasó?

—Quería ganar. Arriesgué. Mi coche dió 37 vueltas de campana en 4 segundos hasta que lo paró un muro.

—¿De verdad que no puedes estar triste?

—De verdad.

—¿Y para qué necesitas buscar trabajo? Da igual lo que te pase, que nunca te va a afectar anímicamente.

—Eso le digo yo  a mi madre.

—¿Vives con ella?

—Si.

—¿Y tu padre?

—Lo maté.

—¿Cómo?

—Le metí la cabeza en el horno en nochebuena mientras se hacía una paletilla de cordero a 250 grados. Tardó más de cinco minutos en dejar de gritar.

—¿Por qué lo hiciste?

—Le explotó un ojo a mi madre de puñetazo. No era la primera vez. Decidí que no podía volver a pasar.

—¿Cuántos años pasaste en la cárcel?

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—Estuve interno en un psiquiátrico 11 años.

Leo comprendió que tenía que cambiar de tema.

—¿Entonces sabes conducir?

—Soy el mejor conductor del mundo.

—Has dicho que no puedes mentir.

—Así es. Pero es verdad que mi verdad puede ser mentira.

Estaban en el piso 12 y Óscar ya lo tenía claro.

—¿Quieres ser mi chófer?

—Es la segunda cosa que más deseo en el mundo.

—¿Y cual es la primera?

—Pues…

—Espera, no me lo digas.

Tampoco era plan de aprovecharse.

Ahora, cinco años después de aquél momento en el ascensor, desearía ser Óscar. ¿Nada de tristeza? ¿Cuánto pagaba la gente por un gramo de alegría? ¿Cuánto le había costado el Mercedes más caro del mercado sin que ello hubiera modificado su estado de ánimo? Qué más daba, calderilla.

Estaban llegando al aeropuerto y necesitaba llamar a la tripulación de sus jets. ¿En cual le apetecía volar?

El Dassault Falcon 7x era mucho más rápido que el GulfStream 650, pero en este último se podía prolongar la fiesta mucho más cómodamente al volver de Hong Kong.

Y tendría que prolongar la fiesta.

Pasaría todo el fin de semana de fiesta, cerrando negocios y ganando decenas de millones de euros. Era increíble lo fácil que era ganar dinero una vez llegabas a tener cierta cantidad. Se multiplicaba como un virus incurable.

Pero en realidad todo eso le daría igual. No se lo admitiría a sí mismo en voz alta, pero se pondríadelante de un espejo y pensaría:

“Estás buscando a Aidín, tu Diosa. La mujer que lo cambió todo. La que te dio el poder de la confianza y el valor, la que te proporcionó el éxito. Pero sobre todo los Deseos. Te equivocaste en tus peticiones, imbécil.-se diría con un volumen de pensamiento cada vez más alto- Te equivocaste. Y ahora lo tienes todo, menos lo único que deseas”.

Óscar lo llevó hasta los pies de la escalerilla del Gulfstream, donde lo esperaban seis azafatas de vuelo y dos pilotos. Esperó a ver como el jet remontaba el vuelo antes de irse.

Leo trabajó un rato. Bebió mucho y pronto se empezó a sentir excitado. Las pilotos estaban buenísimas.

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Marga había hecho, como siempre, un buen trabajo. Ambas pilotos se parecían a Aidín. Altas, largas melenas rubias onduladas y unos cuerpos dignos de cualquier actriz porno de éxito.

Ese era precisamente el problema.

Aidín era auténtica. Un cuerpo perfecto, su ideal de la carne en la lujuria. Marga siempre se ajustaba a sus descripciones, pero claro, algo así solo se podía conseguir con cirugía.

Se levantó y abrió la puerta de cabina.

—Chupadme la polla las dos ahora mismo.

Las pilotos se giraron incapaces de entender lo que acababan de oír. Estaban acostumbradas al acoso laboral, pero aquello había sido demasiado.

—Disculpe señor, cierre la puerta de cabina, estamos trabajando.

—Desnúdate.

—Oiga, esto es intoler…

—Estáis las dos enamoradas de mí de una forma salvaje. Tenéis hambre de mi cuerpo y de mi mente. Queréis complacerme de las formas que yo os pida y cuando os lo pida, porque todas y cada una de las células que componen vuestro cuerpo gritan el ansia de querer follarme.

Las palabras salían de los labios de Leo sonaban graves como un sortilegio arcano y, seguramente, eso es precisamente lo que era porque en cuanto empezaron a hacer su efecto las dos pilotos tocaron algunos controles del avión para asegurar el rumbo y empezaron a tocar su propio cuerpo, repentinamente nerviosas.  Leo seguía hablando.

—Mirad vuestros coños.

Las piloto miraron su pantalones allá donde estaba su coño y vieron pequeñas manchas húmedas.

—Ahora vuestros coños laten de deseo y segregan flujo lubricante. Desnudaos.

A estas alturas las dos mujeres se habían enamorado de una forma muy sucia de su amo, porque eso es lo que era en ese momento. Por eso le hicieron todo lo que les pidió que hicieran. Felaciones, masturbaciones, se follaron entre ellas de formas inimaginables y, finalmente, le ofrecieron el culo para que fuera alternando entre los dos, hasta que se decidió correrse en las boca de ambas.

Y por eso estuvo más de dos horas dentro de la cabina del avión, antes de salir a cenar algo en la parte interior del fuselaje que correspondía a su suit.

Ha sido un polvazo-pensaba-ha sido el polvazo del siglo. ¿Entonces? ¿Por qué tengo tantas ganas de llorar?.

A partir de ese momento todo fue cuesta abajo. Hong Kong, tan impersonal como siempre, le ofreció todos los vicios que existen y Leo los aceptó todos.

Tomó drogas, visitó prostíbulos, tomó más drogas, visitó más prostíbulos, tomó más drogas y acabó, como tantas otras veces, en la azotea del hotel donde, es un decir, dormía.

Tienes el poder de enamorar a las personas que quieras. Y de follar con quien se te antoje, se decía. ¿Por qué te vas de putas? Tírate al vacío. Eres un desecho. Tírate y acaba con esto. ¿Cuánto tiempo llevas buscándola? ¿Cuánto ha pasado desde aquella noche? ¿20 años?

Leo se encaramó a una especie de repisa saliente. A sus pies, trescientos veintisiete metros de caída. Debía de ser uno de esos espacios que usan los chavales ansiosos de emociones para hacer salto base.  Sacó una pequeña bolsa transparente con una gran cantidad de polvo blanco en su interior, pero hacía tanto viento que pronto se vació en el aire. Una nube blanca de cocaína desapareció ante sus ojos y una repentina calma invadió el alma de Leo. Había tomado la decisión. Sólo un paso. Sólo tenía que dar un paso. Fue levantar el pie para dar el paso hacia el final y escuchar una voz que le sonaba, a pesar de que nunca la había oído antes. Levantó el pie y…el chico que le miraba con esos ojos azules inconfundibles y aterrados parecía tener diecinueve o veinte años.

— ¿Papá?

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  1. Me gusta cómo se crea el ambiente, cómo la escena de sexo puede aparecer en cualquier momento, me mola el ritmo que tiene y sobre todo el vídeo del final jajajajaja

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