mayo 24, 2017

Sexo, drogas y… ¡Brujas!

Todos hemos visto desde nuestra niñez la icónica imagen de una bruja volando sentada en una escoba. Pero sinceramente, ¿por qué tenemos a las brujas volando en escobas? ¿Por qué no vuelan en una alfombra como Aladino? Pues la razón tiene bastante que ver con una práctica que se llevaba a cabo antiguamente, y que, a su vez, tiene que ver bastante con volar.

Pero no de la forma que te imaginas, sino que es bastante más… sexual.

Sexo, cornezuelo y Rock and roll

Durante la edad media, el pan contenía centeno. A su vez, el centeno contiene un hongo llamado cornezuelo o ergot. El cornezuelo es una sustancia que, consumida en altas dosis, puede ser letal para el ser humano. Sin embargo, si se consume en dosis pequeñas, produce un potente efecto alucinógeno y estimulante cuyos efectos son bastante similares a los del LSD. Esto ya lo comprobó  Albert Hofmann al descubrir, por accidente, esta droga en la segunda mitad del siglo XX. Estos efectos, obviamente, fueron objeto de curiosidad por el ser humano durante la edad media, siempre teniendo como objetivo conseguir el tan deseado efecto alucinógeno. No solo eso, sino que se empezó a experimentar con otras plantas para conseguir efectos similares, como la belladona, el beleño, la mandrágora o el estramonio.

Sin embargo, estas drogas tan naturales producían una serie de perjudiciales efectos secundarios para la salud del ser humano: nauseas, vómitos o irritación de la piel entre otros, eran los efectos secundarios de la ingesta de estas plantas por vía oral, lo que además provocaba muchas acusaciones de brujería a mujeres que preparaban estos mejunjes, llevando a muchas a la hoguera por hacer sentir mal a sus adictos consumidores.

La solución para evitar los efectos secundarios

La medicina de la época no estaba muy avanzada para poder modificar genéticamente las plantas, pero los hombres de la edad media no estaban por la labor de dejar de consumir estos alucinógenos.

En su naturaleza, como en la de cualquier época,  siempre estaba la ambición del placer por el placer  y también la de acceder a ciertas  parcelas de conocimiento sólo accesibles a través de alteraciones  del estado de conciencia.  Por eso lo hacían.

Todas estas plantas eran manipuladas por curanderas y mujeres con conocimientos de herboristería, así que es normal que fueran ellas las que descubrieran una forma de administración que evitara los indeseables efectos secundarios: a través de la piel. Cuando estas drogas se aplicaban a través de la superficie de la piel, provocaba un efecto menor en todos los aspectos. Las nauseas y vómitos desaparecían, y sorprendentemente la irritación cutánea también se veía drásticamente reducida. Sin embargo, el efecto alucinógeno de las plantas también disminuía, con lo que nos encontramos ante la misma problemática. No producía el mismo efecto alucinógeno, con lo que estas sustancias dejaron de consumirse… al menos entre los hombres.

La pregunta que hasta ahora nos hacemos es… ¿y qué pintan las escobas en toda esta historia? Pues la respuesta es muy simple. Para conseguir recrear el mismo efecto alucinógeno sin los problemas secundarios que salían después, las herboristas y sanadoras solían impregnar los palos de las escobas con estas sustancias, llamadas “Brebaje de Bruja”, e introducirlas por su vagina para conseguir estos efectos a su máxima potencia.

La razón de esta potencia no es otra que la siguiente: cualquier sustancia en contacto con una mucosa (partes del cuerpo no protegidas por la epidermis) entra en contacto directo con el torrente sanguíneo.  El corazón sólo tiene que bombear unas cuantas veces para llevar la sustancia al cerebro, donde se acoplará a los diferentes receptores para provocar el delirio.

Y tanto que volaban

Sí, señoras y señores, las brujas aparecen cabalgando escobas en nuestro imaginario porque las utilizaban para impregnarse sustancias estupefacientes por la vagina. Suena raro, pero es así.  De hecho, durante las purgas contra la brujería en la Europa medieval, se encuentran varios escritos que lo reafirman, como por ejemplo los de Jordanes de Bergamo en el su libro de 1470 “Quaetio de Stringis”, donde dice “es la creencia vulgar, y confesión de las brujas, que en ciertas noches y días se lo montan en el sitio al que nos referimos, o se lo untan bajo las axilas y otros lugares velludos”. O los escritos referidos a Lady Alice Kyteler, la primera mujer en morir en la hoguera por brujería en la historia de Irlanda en 1324, donde se lee que “al arrasar el armario de la señora, encontraron una pipa de ungüento con la que engrasaba su bastón, sobre el cual ella se zambullía y galopaba”.

¿Y por qué volaban?

Dejando claro que las brujas “cabalgaban” sus escobas, la pregunta que nos hacemos es… ¿realmente las brujas volaban? Puede que las brujas, o mejor dicho,  las pobres mujeres que fueron acusadas de brujas, no se alzasen a más de un metro del suelo, con o sin escoba. Sin embargo, los que sí volaban eran los consumidores del “brebaje de bruja”. El efecto alucinógeno de esta bebida provocaba una sensación de euforia y placidez que recreaba la sensación de volar como un pájaro. De ahí que a las brujas las veamos hoy en día como señoras que volaban en escobas, aunque no fueran ellas las que realmente volaban. 

En efecto, la imagen que tenemos hoy en día de la típica bruja que vuela montada encima de una escoba, haciendo pociones y hechizos con una risa malvada, quizá está bastante distorsionada comparada con la realidad. Deberíamos de plantearnos cambiar la imagen de estas mujeres, ya que después de leer este articulo, podemos concluir que una bruja, no tiene porque ser una señora mayor, ni hacer pociones maléficas, sino que se trataba de una mujer, normal y corriente, joven o mayor, que mezclaba hierbas y jarabes naturales, creando sustancias alucinógenas con las que se hacía el pan, y que eran bien recibidas por la mayoría de los hombres de la época. Y que la risa malvada que se les atribuía, era provocada por el éxtasis del colocón que llevaba encima, después de haberse metido una escoba engrasada con droga, por la vagina.

Es decir,  las brujas eran mujeres demonizadas y perseguidas hasta la muerte por querer alterar su estado de conciencia y el de los demás. 

La diversión y la religión nunca se han llevado muy bien.

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